En Yecla de Yeltes aún se conservan algunos de los elementos más representativos de nuestra vida tradicional: el castro, la iglesia, la plaza… y también los potros de herrar, testigos silenciosos de una época en la que los animales eran compañeros inseparables del trabajo y del camino.
Durante años, los dos potros de Yecla, situados en el borde del “ejio”, fueron envejeciendo, carcomidos por el tiempo y el olvido. Pero hace un tiempo, uno de nuestros vecinos, Gaspar Galache, decidió que no podían desaparecer así, sin más. Con paciencia, cariño y una profunda conciencia del valor patrimonial de lo que estaba ante sus ojos, comenzó a restaurar uno de ellos: cambió los maderos podridos por otros trabajados por él mismo, recolocó las piedras de granito que faltaban, y devolvió a la estructura su dignidad.
Hoy el potro luce de nuevo como símbolo de lo que somos: un pueblo que cuida, que respeta y que no olvida su historia.
Por eso, este artículo quiere ser un agradecimiento público a Gaspar Galache, por su empeño y su amor por Yecla de Yeltes. Gracias por recordarnos que conservar lo nuestro también es una forma de hacer pueblo, de mantener viva la memoria y las raíces que nos sostienen. Porque nos demuestra que no hace falta hablar, protestar, solicitar en burocracias interminables si estamos decididos a mejorar las cosas.


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